lunes, 16 de noviembre de 2009

Rosemary's Baby

(El bebé de Rosemary)
Dirigida por Roman Polanski
Escrita por Roman Polanski (basado en la novela de Ira Levin)
Con Mia Farrow y John Cassavetes
Música de Krzysztof Komeda
Paramount Pictures
Estados Unidos, 1968
136 minutos

Esta segunda entrega de la Trílogía de los Departamentos de Polanski (junto con Repulsion (1965) y Le Locataire (1976)), es una película extraordinaria. Siendo su debut en los Estados Unidos, Polanski hizo gala de su gran talento artístico con una película macabra, misteriosa, intrigante, sumamente plausible y que, aún dado lo anterior, logra mantener un extraño sentido del humor de principio a fin. Perfecta en su realización y sublime en su trasfondo, Rosemary's Baby es verdaderamente un hito en la narrativa de terror/misterio.

Creo que la mayor virtud de esta película es lo real que es. Polanski, además de haber hecho una de las mejores adaptaciones de un libro jamás, consiguió traducir toda la idiosincrasia de una época en su narración, valiéndose de ella y de los sucesos del año en que se desarrolla para dotar a Rosemary's Baby de una credibilidad pocas veces vista, y las impecables actuaciones de todo el elenco (destacadísimos Mia Farrow, John Cassavetes y Ruth Gordon) completan el hechizo. Esto crea, a mi parecer, un sentido de universalidad que seguirá vigente mientras exista el mundo moderno, pues podremos seguir identificándonos con los personajes, la situación en la que se ven envueltos y la interpretación que hacen de la misma.

Para adentrarnos en este asunto, podemos comenzar diciendo que Rosemary's Baby trata temas muy básicos, enfocados desde la perspectiva del hombre pequeño, del vecino de al lado, en un momento histórico en que tales merodeaban la conciencia general. La historia gira en torno al miedo y la repercusión psicológica del embarazo, en un momento en que las píldoras anticonceptivas, el aborto y la liberación sexual estaban adentrándose profundamente en la sociedad. Como mencione antes, este tema es tratado no en una heroína, sino en una chica cualquiera, frágil como todos, indefensa ante las circunstancias que la envuelven; lo que trabaja completamente a favor del realismo de la película. Polanski construye la narración con verdadera maestría, ayudando al espectador a entender a Rosemary y hacer suyo su delirio, sus interpretaciones oníricas y el pánico que la invade. También universal es la mentalidad de su marido (Cassavetes), quien sufre de una terrible frustración egocéntrica, fruto de la competitividad del moderno Manhattan, que lo deshumaniza al grado de estar dispuesto literalmente a lo que sea con tal de tener un pequeño estímulo profesional. Y, desde luego, encontraremos la temática presente en el resto de la trilogía: el miedo a la vida en la gran ciudad, al bloque de departamentos donde uno tiene que convivir con cientos de extraños, el sentido de pérdida de la privacidad y la creciente paranoia, así como la lucha de la joven pareja clasemediera por sobrevivir en un mundo hostil. También veremos reflejada en Rosemary's Baby la pérdida de fe en las grandes figuras político-religiosas, en el mundo del conocimiento y la vanalización de la ciencia. Los personajes más sabios (Hutch, por ejemplo), el médico y el Papa (aunque sea en implicación) se muestran impotentes, inservibles y ridículos ante el peligro que acecha en el pequeño mundo cotidiano, el peligro de la superstición y la verdad que puede haber detrás de ella. Todo manejado magistralmente.

La película se construye lenta, paso a paso, sin tener prisa jamás. Polanski se toma su tiempo para crear el ambiente de familiaridad tan necesario para que Rosemary's Baby funcione, pues todo el terror se basa en ella. No hay en Rosemary's Baby ni un momento en que se recurra a sustos baratos ni plot twists. Desde muy temprano en la película (con la secuencia onírica de violación), el desenlace va quedando muy claro, sin embargo Polanski no lo vanaliza ni hace que perdamos el interés un solo segundo. Con muchas pistas, anagramas e historias del pasado que se mezclan con el presente, el espectador queda más en un papel de suplicar que Rosemary descifre lo que el ya sabe, sintiendo junto con ella la angustia del mundo que se vuelve cada vez más extraño, más irreal, más fantástico. Todo lo que al principio fuese cotidiano y seguro va convirtiéndose en algo imposible de abarcar psicológicamente, perdiendo toda fortaleza y sentimiento de seguridad. En Rosemary's Baby uno queda expuesto, endeble ante personas de las que no hubiera podido esperarse peligro alguno; de los amables viejitos del departamente de al lado que podrían ser nuestros abuelos. Y, como mencionaba yo al principio, hay un extraño humor presente en toda la película que, lejos de presentar un resguardo para el espectador, contribuye para generar la atmósfera macabra que hace a esta película inolvidable. Incluso el terrible desenlace es presentado de manera relajada, hogareña, sin rastro alguno de la rimbombancia que podría esperarse al tratar una temática similar. Definitivamente, solo un cineasta del calibre de Roman Polanski puede ser capaz de mezclar dos esferas completamente distintas, la del mundo cotidiano con aquel del más terrible peligro sobrenatural de manera tan satisfactoria.

Queridos lectores, Rosemary's Baby es uno de los grandes ejercicios fílmicos del siglo XX, absolutamente recomendada tanto para fans del género como para cinéfilos en general. Por ser una gran obra maestra, perfecta, trascendente y vigente aún para los años venideros, ¡Susto! y aparte la reconoce con 5 muy bien merecidos diablos y recomienda al lector no dejar de verla:

3 comentarios:

Fran dijo...

AMO el bebé de Rosemary. La primera vez que la vi entendí que Polanski había creado un nuevo arquetipo sobre el que se han basado cientos de películas posteriores. EXCELENTE!

Babelle dijo...

Excelente reseña, me encanta tu estilo detallado pero sin abusar de adornos, accesible pero sin caer en lo cotidiano.

Norm dijo...

He chose you, honey! From all the women in the world to be the mother of his only living son!
GRAN peli!